Legitimando la investigación cualitativa

En los tiempos que corren, hay que correr mucho para permanecer, al menos, en el mismo lugar.

Lewis Carroll

Tal vez la imagen del científico a nivel popular sea la de un impecable personaje excepcionalmente capacitado para investigar desde el aséptico y rigurosamente controlado espacio del laboratorio, que llega a devenir sacrosanta “torre de marfil”, que alberga a solo unos pocos elegidos, excepcional aliado de las estadísticas y el sagrado número, tanto que algunas posiciones ortodoxas llegan a afirmar que “si no se puede medir, ¡no existe!”, apuntalándose en lo que en algún momento se definió como el “imperialismo cuantitativista”. Sin embargo, en la realidad esto no es así.

Existe un entorno mucho más amplio, en que los científicos, por ejemplo, en un contexto editorial, en las últimas décadas, trabajan e insisten con un diapasón más ancho en legitimar artículos, que, en su mayoría, aparecen en revistas prestigiosas indexadas en los formales grupos I y II, en que el número resulta ser requisito quasi indispensable para publicar, para evidenciar -un término, por cierto, de creciente popularidad hace años- que se trata de “ciencia dura” (hard science). Es decir, el aspirante a Doctor en Ciencias o profesor o investigador titular está obligado a un número determinado de publicaciones en estas revistas para alcanzar tales categorías.

Desde un punto de vista, consideramos genuino lo anterior expresado en aras de certificar el necesario rigor que resulta imprescindible para las ciencias; deviene así la concepción de un campo que se enorgullece de su respetabilidad científica y resulta escéptico ante los esfuerzos de investigación que son guiados por criterios y métodos que son diferentes de los propios que han prevalecido durante tanto tiempo. Es cierto que este es el modo de autenticar la cientificidad, legitimar el número, conocer en extensión y profundidad cualquier objeto de estudio, pero no se puede desconocer que son igualmente probadas otras formas de investigar, aunque menos controladas, y que también nos brindan informaciones no menos importantes, valiosas y útiles si son ejecutadas con rigurosidad.

Esto da lugar a la emergencia de los procedimientos cualitativos de investigación, sustentados en el hecho de que la vida se caracteriza por la diversidad, por refrendar que lo que define la existencia humana no es la rigidez, sino la flexibilidad y el hecho de que ante la gran mayoría de los problemas no hay una sola respuesta, sino multiplicidad de alternativas. Tal afirmación apoyaría la declaración de que ¡hay muchas formas de investigar, … todas legítimas si están coherentemente concebidas!, pues de la manera en que se aborde una investigación mucho depende de las características peculiares del objeto de estudio, el estado del arte del conocimiento del tema, así como del alcance que pretenda darle el investigador, al colocar en primer plano la honestidad científica de este y sus competencias que justifiquen la credibilidad de los resultados.

Aunque esta mirada procede básicamente de las Ciencias Sociales, ninguna ciencia que trabaje con la complejidad del ser humano puede ignorar su importancia, en particular en el entorno tan sensible de las Ciencias de la Salud. Hay cuestiones vitales en estas que demandan sean investigadas con urgencia y no ser eludidas por la complejidad que entrañan, sobre todo aquellas que responden a interrogantes tales como “por qué” y “cómo”, y que no pueden ser respondidas si el investigador no se inmersa en ellas en profundidad si pretende comprenderlas:

  • ¿Por qué es tan difícil renunciar a conductas de riesgo como los hábitos tóxicos como el tabaco, el alcohol o las drogas, la ingesta excesiva y acrítica o a una sexualidad irresponsable, y asumir en cambio conductas responsables que previenen de enfermedades y promueven mayores niveles de salud?

  • ¿Por qué es tan difícil la adherencia terapéutica a las prescripciones facultativas, aun en casos de poner en riesgo la salud?

  • ¿Qué explica la profunda implicación de muchos cuidadores de personas dependientes, aún sacrificando su propia salud y bienestar, … qué explica lo contrario?

  • ¿Cómo se explica el curso, evolución y pronóstico de muchas enfermedades crónicas de riesgo para la vida, en particular las patologías oncológicas, en función de los procesos de afrontamiento de las personas?

  • ¿Qué ocurre en la subjetividad de una persona trasplantada ante la sensación de vivir con el corazón de otra persona?

  • ¿Cómo influyen las redes de apoyo social, particularmente familiar y profesional, en el curso y pronóstico de determinados cuadros clínicos?

  • ¿Cómo construir y demostrar la eficacia y efectividad de determinado programa de intervención sanitaria? e incluso

  • ¿Qué factores deben estar presentes en una óptima relación médico-paciente que tribute óptimos resultados sanitarios?

La mejor forma de responder a muchas de estas interrogantes que no conducen con facilidad a la cuantificación, aconseja el uso de procedimientos cualitativos que facilitan que el individuo o grupos de individuos sean estudiados en profundidad y detalle, y evitar las simplificaciones impuestas por la cuantificación al imponer menos restricciones, sobre todo cuando se ofrece más libertad al participante, y se le brinda la oportunidad de responder con sus palabras y a su modo, al tiempo de no estar constreñidos por hipótesis preestablecidas, dado que los procedimientos cualitativos más que responder a hipótesis, generan hipótesis. Es interesante la intencionalidad de definir la investigación cualitativa como un árbol que hunde sus raíces en la vida cotidiana, y que parte de tres actividades básicas: experimentar/vivir, preguntar y examinar.

Y a ello añádase que la investigación científica no puede abstraerse de contextos y momentos, escenarios físicos y tiempos concretos que permiten comprender mejor el por qué y el cómo de determinados eventos, de aquí que tampoco puedan ser ignorados; la investigación que se realiza en tiempos de la COVID-19 no es igual a la que se realiza en períodos de normalidad.

Desde tales consideraciones es que emergen con fuerza durante los finales de los 60 y los comienzos de los 70, los procedimientos cualitativos de investigación,1 hasta ese momento considerados una especie de oximoron a pesar de interesantes experiencias sobre todo en el entorno de la Sociología, influidos en cierta medida por el descontento con la investigación social en que a menudo se dejaban de abordar en profundidad las realidades cotidianas de hombres y mujeres comunes, y dio lugar a lo que para muchos fue definido como el “triunfalismo cualitativista”.

Hacer investigación cualitativa devino asunto de interés de los científicos sociales, sobre todo, con incrementado interés en el pluralismo metodológico, cultural y epistemológico. Muchos profesionales, académicos y científicos sintieron la necesidad de colocarse cerca de los fenómenos de interés en su contexto, el laboratorio no era necesariamente la mejor ubicación para ello, asumido que si se quisiera comprender cómo las personas sienten y se comportan, tienen que estudiarse en sus hábitats naturales. Fue requerida entonces otra perspectiva de la investigación, en que el investigador se inmersa en el campo y se convierte a sí mismo en el primer instrumento metodológico, aun a riesgo de cuánto esto pudiera sesgar resultados, pero brindando la credibilidad de lo que posteriormente se definió como “investigación en el mundo real”.2

Son elementos distintivos de la investigación cualitativa en primera instancia la comprensión de un fenómeno complejo desde la perspectiva de los participantes y el tener lugar en su contexto natural, apelando a la multiplicidad de métodos interactivos y humanistas que buscan la creciente implicación de los participantes sin pretender la generalización de la información obtenida y privilegiando la profundidad del conocimiento.

Ello justifica el uso de muestras pequeñas, a las que, por cierto, no es ajena la investigación cuantitativa, rica en información relevante que defiende el estudio de las historias de vida y los estudios de caso en profundidad, incluido los casos únicos (o como se dice en investigación cuantitativa, de muestra N = 1), según Yin,3 en cualquiera de sus variantes: caso crítico en la evaluación de una teoría bien formulada, caso extremo o único, caso típico o representativo, caso revelador y caso longitudinal, dada la riqueza de la información en profundidad que se obtiene de estos.

Los procedimientos cualitativos resultan emergentes y sin hipótesis preestablecidas, refrendando la metáfora de que la investigación cualitativa es como un laberinto en el que se sabe por dónde se entra, pero no por dónde se sale, y en el que el investigador puede encontrar cosas que ni buscaba ni esperaba; de aquí que las preguntas de investigación pueden ser modificadas durante el proceso investigativo, en la medida en que van emergiendo nuevas informaciones y nuevas realidades, ya sean confirmatorias o contradictorias. En este sentido, la visión del investigador cualitativo, cuyo YO-personal deviene inseparable del YO-investigador, es fundamentalmente interpretativa, en tanto los datos son filtrados a través de lentes personales situados en un específico momento histórico y sociopolítico.

La interpretación tiene que ver con la construcción de sentidos: ¿qué representa una situación?, ¿cuál es su significado?, ¿cómo puede ser explicada?, ¿qué ideas teóricas nos ayudan a comprender la acción que ha tenido lugar?, ¿son posibles otras interpretaciones?, si es así ¿pueden ser resueltas o convivimos con las interpretaciones múltiples? Proveer una interpretación creíble requiere una comprensión del contexto -como señalábamos anteriormente- en el que una acción ocurre, dado que una perspectiva sobre la situación suministra un marco necesario para la interpretación.

Tal entendimiento emergente, focalizado en el carácter dinámico de los procesos existenciales, resulta apropiado cuando el investigador se interesa por el significado de las experiencias y valores humanos, el punto de vista interno e individual de las personas y el ambiente natural en que ocurre el fenómeno estudiado, de aquí que suponga buscar una perspectiva cercana de los participantes; en el entorno de la psicooncología no es infrecuente escuchar a personas decir que “el cáncer me enseñó a vivir”.

La investigación cualitativa no intenta generalizarse a poblaciones más amplias, sino que se dirige a la comprensión de un fenómeno, tal y como lo percibe y vivencia la persona en un entorno especifico, donde los datos no son estáticos esperando ser encontrados, sino que resultan emergentes y van aportando progresivamente al “entendimiento” del fenómeno en cuestión.4

Creemos que este marco editorial de la Revista Habanera de Ciencias Médicas, precisamente, es uno de los espacios adecuados para valorar estos criterios, aunque no nos podamos detener mucho, en estas pocas cuartillas, en conceptualizaciones o criterios más profundos sobre la investigación cualitativa, pero sí para refrendar su legítimo lugar en el ámbito científico y dejar de considerarla “ciencia blanda” (soft-science).

No es un derecho que se obtiene “de oficio”, puesto que es imprescindible demostrar la seriedad, rigurosidad y apego a la verdad (a pesar de lo polémico del término “verdad”) con que se ha trabajado. La investigación cualitativa no puede ser solo el relato opinático de lo encontrado, una investigación cualitativa incrementa su credibilidad cuando un auditorio competente llega a creer que el autor ha hecho la tarea necesaria para comprender la situación definida en determinada dirección, materializado ello en un lenguaje comprensible, que visibilice y explique los resultados y se aleje de todo enunciado impenetrable.

Tampoco se trata de la referida mirada triunfalista que desvaloriza el número, este tiene una marcada presencia en la vida toda que no puede ser ignorada e incluso no es para nada ajena a la calidad. No se trata de quedarse detenido en un área entre procedimientos cualitativos o cuantitativos; la vida y la propia ciencia son mucho más ricas que eso. Así, por ejemplo, ya hace décadas se vienen incrementando las investigaciones a través de los métodos mixtos, que de una u otra pragmática manera combinan las bondades de los procedimientos numéricos y narrativos, sistematizan la narración, por una parte, y humanizan el número en mayor o menor proporción, por la otra. De igual forma, la investigación científica es cada vez más participativa, y los procesos de investigación acción (IAP), diseños de programas y la teoría crítica social obligan constantemente a replantearse modos de proceder si en realidad se quiere comprender y actuar sobre determinado objeto de estudio en un continuo cambiante escenario del mundo real,5 en que el investigador llega a devenir verdadero agente de cambio social,6) sin importar la metodología empleada y, por supuesto, sin desbordar los límites de cualquier metodología.

Referencias bibliográficas
Historial:
  • » Recibido: 22/07/2020
  • » Aceptado: 23/07/2020
  • » Publicado : 10/09/2020


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